poemas

Delfina entendía que no entendía. Que se confundía constantemente, y una vez que encontraba una respuesta, rápidamente se escapaba de sus manos. Nunca lograba retener lo suficiente las palabras de su mente, sin que el corazón le diga lo contrario.

Qué tangible es la mente humana. Qué frágil es la vida.

¿Será que debemos entregarnos a sentir y no a pensar?

Delfina se sentía tranquila, porque sabía que lo único que tenía que saber, es que lo único que nos perjudica es lo que sabemos.

 

 

 

En el clásico paso apurado de la ciudad,

me encontré con un submundo.

En medio de la suciedad, las ratas y la desgracia,

me pregunto si ese lugar existe.

Quiero creer que sí.

Si algún día me gana la vida,

encontré una ventana a la fantasía.

 

 

 

 

En un mundo superficial,

cómo se escapa de las apariencias.

Si soy la imagen que proyecto en el otro,

cuando nadie me ve,

¿dejo de existir?

 

 

 

 

Domingo

Camino por las grises calles de Buenos Aires, freno en una esquina levemente iluminada por las luces de una verdulería ubicada unos pocos pasos delante mío. Inhalo profundamente el olor a mierda de mi ciudad, y lo exhalo con intensidad. Como si expulsara una versión oscura de mí. Sigo caminando, miro para atrás con tranquilidad, y sigo.

 

 

 

 

No veo que hay del otro lado de la persiana pero siento como pequeñas caricias al oído el caer de incontables gotas de agua, acompañadas del fuerte rugir de la tormenta que se asemeja al de una leona en celo.

Pienso en que hay fuerzas inexorables que aunque no queramos, definen gran parte de nuestra vida. Como el cielo de hoy puede hacer que un lobo marino pierda su rumbo en el mar, y en vez de terminar en la costa que añoraba, se desencadena del océano en otra isla, y si no tiene suerte, una noche así caduca en un triste final.

¿Qué sería de Chiyo sin el Señor Tanaka?

Sueño que una noche como esta, los pensamientos dejen de existir en mi cabeza, para poder descansar mente y corazón.

 

 

 

 

 

 

 

 

Pasa el camión de la basura a las 4:38 am de un Lunes, con la cumbia al máximo volumen, y uno piensa.

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