Delfina entendía que no entendía. Que se confundía constantemente, y una vez que encontraba una respuesta, rápidamente se escapaba de sus manos. Nunca lograba retener lo suficiente las palabras de su mente, sin que el corazón le diga lo contrario.

Qué tangible es la mente humana. Qué frágil es la vida.

¿Será que debemos entregarnos a sentir y no a pensar?

Delfina se sentía tranquila, porque sabía que lo único que tenía que saber, es que lo único que nos perjudica es lo que sabemos.

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