Domingo

Camino por las grises calles de Buenos Aires, freno en una esquina levemente iluminada por las luces de una verdulería ubicada unos pocos pasos delante mío. Inhalo profundamente el olor a mierda de mi ciudad, y lo exhalo con intensidad. Como si expulsara una versión oscura de mí. Sigo caminando, miro para atrás con tranquilidad, y sigo.

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