No veo que hay del otro lado de la persiana pero siento como pequeñas caricias al oído el caer de incontables gotas de agua, acompañadas del fuerte rugir de la tormenta que se asemeja al de una leona en celo.

Pienso en que hay fuerzas inexorables que aunque no queramos, definen gran parte de nuestra vida. Como el cielo de hoy puede hacer que un lobo marino pierda su rumbo en el mar, y en vez de terminar en la costa que añoraba, se desencadena del océano en otra isla, y si no tiene suerte, una noche así caduca en un triste final.

¿Qué sería de Chiyo sin el Señor Tanaka?

Sueño que una noche como esta, los pensamientos dejen de existir en mi cabeza, para poder descansar mente y corazón.

 

 

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