Siento cómo se avecinan cuchillos afilados en medio de la tempestad. Cargados de amenazas y obsesiones ajenas. ¿O de las mías? Buenos Aires es una ciudad que de a poco pierde el encanto, al menos para mí. Cuando alguien me pregunta sobre el lugar en el que nací y me crié, simplemente respondo “es como París, pero hace 30 años atrás”. Y ahora, pensándolo bien, ni siquiera. No tenemos tanto glamour. Qué bajón este lugar.